
Debajo
de la tierra que pisamos a diario existen verdaderos secretos
escondidos. Bacterias y hongos son responsables de algunos de los
medicamentos más usados en el tratamiento de enfermedades. ¿Sabes cómo
pueden ayudar a cuidar tu salud?
La producción de
medicamentos
es uno de los retos más importantes en el ámbito de la salud. Contar
con fármacos eficientes es un desafío importante, ya que la
investigación e innovación no es solo larga y ardua, sino que también
consume gran cantidad de recursos humanos y económicos.
Como os explicamos hace unos meses en
ALT1040, la fabricación de medicamentos suele suponer una
inversión de mil millones de dólares y entre diez y doce años de trabajo. Los predecesores de la I+D+i biomédica actual, como
Alexander Fleming o
Paul Ehrlich, son sin duda figuras en las que los científicos se apoyan para continuar su trabajo.
Y es que la mezcla de investigación con una pizca de azar (a veces conocido como
serendipia)
ha servido para lograr terapias innovadoras y eficaces. Pero la
producción de medicamentos a veces ha de encontrar lugares recónditos
para obtener nuevos fármacos, como por ejemplo, el suelo.
Prevenir infartos cardíacos y reducir el colesterol
El hongo
Aspergillus terreus es uno de los más conocidos en el mundo de la
microbiología,
por estar presente en los suelos de medio mundo. El interés de los
científicos por este microorganismo no se basa solo en su uso como
fuente de medicamentos, sino que también es usado para producir
proteínas y ácidos orgánicos de interés, como la xilanasa o el ácido
itacónico.
Este hongo también fue el origen inicial de la
lovastatina, un medicamento que puede incluso encontrarse en setas como el famoso
Pleorotus ostreatus, que podemos comprar fácilmente en nuestros supermercados. La lovastatina es un fármaco que sirve para reducir el riesgo de sufrir un
ataque al corazón, además de ayudar a disminuir los niveles de colesterol en sangre. Comercializado con el nombre de
Mevacor, este fármaco obtenido inicialmente del suelo no ha estado exento de polémicas. Un comunicado de la
Food and Drug Administration anunciaba hace un par de años que el uso de este tipo de medicamentos podría provocar algunos problemas hepáticos.
Antibióticos para frenar las infecciones
Otros de los grandes microorganismos escondidos en el suelo pertenecen al género
Streptomyces. Por ejemplo, la bacteria
Streptomyces coelicolor es responsable de la producción de
geosmina, un compuesto químico que puede que no nos suene a primera vista.
La geosmina, sin embargo, es la sustancia responsable del característico
olor a tierra mojada.
Pero la química y la microbiología del suelo no se centra únicamente en
determinados aromas. También se encargan del estudio de microorganismos
similares, cuyo objetivo es la fabricación de medicamentos como los
antibióticos.

La
diferencia entre la lovastatina y este tipo de fármacos se basa en la
"fábrica celular" que utilicemos. En el primer caso, como veíamos, era
un hongo el encargado de producir el Mevacor. En el caso de la gran
"familia" de
Streptomyces, responsables de fabricar muchos antibióticos, hablamos de bacterias,
organismos vivos completamente diferentes.
Uno de los medicamentos que encontramos en el suelo es la
tetraciclina,
un antibiótico usado para tratar infecciones de la piel o de las vías
respiratorias, como la neumonía. La utilización de estos fármacos, sin
embargo, ha de realizarse con cautela, ya que por ejemplo, no sirven
para curar enfermedades producidas por virus (como puede ser la gripe).
Eliminar los ataques de hongos gracias al suelo
La
tetraciclina, como veíamos antes, sirve para "eliminar" las bacterias
que provocan determinados tipos de infecciones. Sin embargo, estos
antibióticos no sirven contra todos los microorganismos. Igual que
ocurre con los virus, las enfermedades provocadas por hongos (llamadas
micosis) necesitan de otro tipo de tratamiento: los antifúngicos.

Curiosamente, estos medicamentos también pueden obtenerse a partir del suelo. En particular, la
griseofulvina, un compuesto muy usado en la terapia de micosis de piel, cabello y uñas, fue ya descrita en 1939 por científicos de Oxford.
En cierta manera, la griseofulvina es "prima" de la penicilina, ya que el microorganismo que la produce es
Penicillium nigricans, un hongo muy cercano al conocido
Penicillium notatum
que describiera Alexander Fleming en su laboratorio. Este fármaco puede
usarse por vía oral, y es un buen ejemplo de cómo los medicamentos del
suelo son un verdadero
secreto escondido bajo la tierra que pisamos a diario.