Los peligros del cambio climático son evidentes, y las consecuencias son cada día más palpables y cercanas. Según un estudio realizado por Nature Climate Change, si no cesa el calentamiento global, las máximas temperaturas pueden acabar con ciudades comoAbu Dhabi, Dubai, Dohay Dharhan. Será tan caluroso que el organismo humano no podrá controlar el calor.
Es la combinación potencialmente mortal de calor y humedad que pueden constituir un riesgo grave para la salud de las personas en el Golfo Pérsico, donde el agua de mar caliente y aire seco del desierto son los principales conductores del clima. Sin acceso a aire acondicionado, los trabajadores como estos inmigrantes asiáticos (arriba) que trabajaban en Dubai son especialmente vulnerables a un golpe de calor o peor.
¿Qué tan caliente es demasiado caliente?
Los investigadores Jeremy S. Pal y Elfatih A. B. Eltahir, del MIT han empleado mediciones actuales sobre el terreno unidas a modelos climáticos, y han concluido que el Golfo Pérsico sobrepasará ese umbral de temperaturas a finales del siglo XXI. Eso significa que las temperaturas podría ascender de 74 a 77 grados centígrados, sin embargo Eltahir afirmó que si se limitan las emisiones de gases contaminantes en el futuro, podrá evitarse ese nivel intolerable de calor.
Algo se dirige hacia la Tierra y los científicos aún no tienen idea de qué demonios es. LaAgencia Espacial Europea informa que se espera que un pedazo de basura espacial apropiadamente bautizado WT1190F toque tierra el 13 de noviembre de 2015.
Lo que se sabe al respecto es realmente poco: WT1190F al parecer es relativamente pequeño. Es probable que se incinere en la atmósfera durante su reinserción, con algunos de los trozos restantes esparciéndose en algún lugar cercano a la costa de Sri Lanka.
La propia Agencia dice en su página:
El extraño reingreso el próximo mes de lo que se sospecha que es un trozo de cohete desde una órbita muy alta ofrece una excelente oportunidad para reunir datos para mejorar nuestro conocimiento de cómo los objetos interactúan con la atmósfera terrestre.
¿Sabemos de dónde viene? No. En apariencia no es un objeto peligroso para la Tierra. Según la ESA (por sus siglas en inglés), la agencia Near-Earth Object Coordination Centre seguirá de cerca el comportamiento del objeto próximo a nuestro planeta.
“El primer objetivo será comprender mejor el reingreso de los satélites y los escombros de órbitas muy excéntricas”, dijo el astrónomo del NEOCC Marco Micheli al sitio web de la ESA. “En segundo lugar, proporciona una oportunidad ideal para poner a prueba nuestra disposición ante los posibles eventos de entradas atmosféricas futuras que impliquen un asteroide, ya que los componentes de este escenario, desde el descubrimiento hasta el impacto, son todos muy similares”.
Estados Unidos “está monitoreando” al WT1190F como parte de un sistema de vigilancia mucho más grande diseñado para “evitar sorpresas en el espacio” como, por ejemplo, que la basura que hemos lanzado a él se rebele y comience a atacarnos.
Ya nos podemos ir imaginando posibles títulos para futuros filmes hollywoodenses:Cuando la basura nos alcance, La basura contraataca o Lo que la basura se llevó. Afortunadamente, al final los humanos araremos nuestra propia tumba.
Una visualización del espacio cercano a la Tierra y escombros producidos por la NASA
“El Joint Functional Component Command for Space’s Joint Space Operations Center (JSpOC) se encarga de operar la Red de Vigilancia Espacial”, dijo a Mic el capitán de la Fuerza Aérea Nicholas J. Mercurio, director de asuntos públicos del JSpOC. Es una “sofisticada arquitectura de sensores de radares electroópticos terrestres y espaciales que nos permiten hacer un seguimiento de más de 23 mil objetos en el espacio todos los días”. Una vez que los objetos son identificados con la claridad suficiente, los investigadores publican los datos en línea.
“Somos conscientes del objeto en cuestión, pero debido a su inclinación y la órbita, el JSpOC no dispone de datos suficientes de detección de los sensores para clasificar el objeto para su inclusión en el catálogo del espacio”, añadió Mercurio. “Sin la capacidad para detectar con precisión el objeto en este momento, no podemos confirmar lo que es o realizar una predicción de su reinserción en la atmósfera terrestre”.
De los 23 mil objetos artificiales (lanzados por la NASA) que orbitan alrededor de la Tierra, sólo mil 300 son útiles y están activos, dijo Mercurio, lo que significa que todavía tienen alimentación y están en uso (como una nave espacial o un satélite, por ejemplo). Mercurio tomó nota de la red de vigilancia que está “tomando más de 400 mil observaciones diarias”, lo que resulta en un promedio de 23 alertas por día. En 2014, los satélites se movieron 121 veces para evitar colisiones, utilizando estos datos.
Como en un famoso episodio de Los Simpsons, los científicos planean que este objeto se desintegre en el proceso de reinserción a la Tierra. Esperemos que, como Homero, la ciencia tenga razón.
Cuando Ferster y sus compañeros prisioneros iban a ser fusilados, las fuerzas aliadas irrumpieron en el campamento y fueron liberados. (Foto: Archivo)
"Llegamos a las 12 de la noche. Había un silencio mortal y la vista era aterradora".
Así relata Chain Ferster las que fueron sus sensaciones al pisar por primera vez en su vida un campo de concentración.
"Podíamos ver en la distancia las llamas que emanaban de cuatro chimeneas. No me di cuenta, entonces, de que eran crematorios".
Fueron dos días enteros de calvario, soportando terribles condiciones de trabajos forzados, malnutrición y tifus.
En el último momento
Y justo cuando él y sus compañeros prisioneros iban a ser fusilados, las fuerzas aliadas irrumpieron en el campamento e hicieron posible su liberación.
Nacido en una familia judía ortodoxa y criado en la ciudad polaca de Sosnowiec, el protagonista de esta trágica historia tenía 17 años cuando estalló la guerra en 1939.
Ahora bisabuelo, recuerda con detalle los crecientes temores de las comunidades judías, a medida que llegaban más y más noticias sobre la expansión militar de Alemania.
A sus 93 años, Ferster vive ahora en Inglaterra. Pero sus recuerdos sobre el horror nazi que experimentó permanencen intactos en su memoria.
A sus 93 años, vive actualmente en Cheetham Hill, Mánchester, Reino Unido, donde se estableció en 1946.
"Se podían ver los aviones alemanes. Los nazis invadieron Sosnowiec muy rápidamente", contó Ferster a la BBC.
"Recuerdo que los judíos estaban verdaderamente preocupados sobre todo lo que estaba a punto de suceder".
Vivir con miedo
Entonces llegó el racionamiento, la hambruna generalizada y las enfermedades en los guetos.
Y, más tarde, la deportación de miles de familias de judíos a campos de concentración.
"Teníamos cartas de racionamiento y no había mucha comida en las tiendas para cumplir con esas raciones", recuerda Ferster.
"No teníamos medicación. La gente se estaba muriendo y la vida era muy difícil. Y en un momento dado, reunieron a varios líderes de la ciudad y les dispararon. Así, sin más".
En 1943, a la edad de 20 años, los nazis fueron a buscarlo a su casa.
En medio del caos, había logrado evitar que lo arrestaran un año antes, cuando su madre y hermana desaparecieron y su padre, Wolf, murió de neumonía.
Chaim Ferster tenía 17 años cuando estalló la guerra, en 1939. Burló a la muerte en ocho campos de concentración.
Cerca de un millón de judíos fueron ejecutados en Auschwit, junto a gitanos, discapacitados, disidentes y muchos otros prisioneros.
"Todo el mundo sabía que la gente que era seleccionada por la Gestapo nunca volvía", afirma Ferster.
Con esta idea en mente, un pariente le instó a aprender una habilidad que lo hiciera útil para los alemanes: arreglar máquinas de coser, convirtiéndose en un "mecánico".
Entre 1943 y 1945, vivió en ocho campos de internamiento diferentes, en Alemania y Polonia, donde tuvo que soportar terribles condiciones que terminaron con la vida de muchos.
Ferster recuerda que lo obligaron a cambiar bloques de cemento de un carretera a temperaturas extremas.
"Hacía un frío insoportable, unos 25 o 26 grados bajo cero", recuerda.
"Los soldados comenzaron a golpearnos, gritándonos y diciendo que no éramos lo suficientemente rápidos. Muchos de ellos no pudieron soportarlo, tenían neumonía. Y algunos murieron".
Hacia finales 1943, durante un brote de tifus en un campo de concentración, Ferster cayó gravemente enfermo. Hubo muchos muertos.
De nuevo, logró sobrevivir.
Sin embargo, Ferster todavía conserva una horrible imagen en su memoria: "Había muchos palés con cuerpos apilados, seis de un lado y seis del otro lado, formando torres altísimas".
Comenzó a ser construido en 1940 y llegó a ocupar 40 kilómetros cuadrados
Cerca de un millón de judíos fueron asesinados en ese campo de concentración
Otras víctimas incluían romaníes (gitanos), discapacitados, homosexuales, disidentes, polacos no judíos y prisioneros soviéticos.
Seis de los campos de concentración eran utilizados predominantemente para trabajos forzados, mientras que Auschwitz y Buchenwald eran usados para ejecuciones en masa.
En las "duchas" de Auschwitz
Finalmente, Ferster fue deportado a Auschwitz.
Recuerda muy bien las infames "duchas" y los prisioneros que eran enviados allí.
"Nos pusieron en un grupo. A todos nosotros, en un grupo especialmente grande. A la mañana siguiente, algunos fuimos seleccionados para ir a las duchas", cuenta.
"Fuimos allí, a la misma ducha donde otras personas habían muerto gaseadas. Pero cuando entramos, cayó agua -en lugar de gas- y pudimos lavarnos".
Tan sólo dos miembros de la familia de Ferster lograron sobrevivir al Holocausto.
Ferster fue uno de los pocos que sobrevivió a Auschwitz, campo cuya liberación tuvo lugar en enero de 1945.
Pero, en la primavera de ese año, a medida que Alemania perdía la guerra, los nazis comenzaron a acelerar su plan para ejecutar a los prisioneros judíos.
Como resultado, Ferster se encontró en otro grupo de prisioneros que viajaron por Alemania hasta otro famoso campo de detención, Buchenwald.
Fue allí donde Ferster creyó que moriría.
Ansiada libertad
Los prisioneros estaban siendo asesinados en masa, día tras día y, la mañana después de su llegada, Ferster estaba con un grupo de compañeros de prisión, esperando un destino similar.
Pero, justo cuando Ferster y los demás estaban siendo llamados para su ejecución, el campo fue liberado.
"De repente, llegaron los aviones estadounidenses y todos los soldados alemanes huyeron", recuerda.
"Y, media hora o una hora después, un tanque americano atravesó las puertas de Auschwitz. Y los soldados nos decían: '¡Sois libres, sois libres!'"
Ferster logró sobrevivir a Auschwitz, pero después fue trasladado a otro campo de detención, Buchenwald
Más adelante descubrió que tan sólo otros dos miembros de su familia sobrevivieron al Holocausto, su hermana Manya y su prima Regina.
Entre lágrimas, Fersted añade: "No me lo podía creer. No me lo podía creer".
Cuando emigró a Inglaterra, trabajó durante un tiempo para una empresa de reparación de máquinas de coser. Más tarde fundó su propio negocio y tuvo gran éxito.
Las conductas altruistas suponen una paradoja respecto a la teoría de la evolución por selección natural. En sentido biológico el altruismo supone un coste para el actor o individuo que realiza la acción, lo cual disminuye su aptitud biológica (fitness), es decir, su capacidad para reproducirse y dejar descendencia fértil, y un beneficio para el receptor que aumenta su fitness relativo. Si la selección natural actúa sobre los individuos es lógico pensar que los comportamientos altruistas conducen inevitablemente a la desaparición de aquellos que los ejercen y con ellos a los “rasgos altruistas” que no se transmitirían a las siguientes generaciones. Sin embargo, diversas investigaciones han señalado que el altruismo está presente en los humanos posiblemente desde la infancia (Liebal et al., 2014), lo que sugeriría una tendencia innata o “natural”, y es un patrón de comportamiento en diversos animales, que conduce a un individuo a poner en riesgo su propia vida para proteger y beneficiar a otros miembros de su misma especie.
Algunos de los mecanismos evolutivos propuestos habitualmente para explicar el altruismo son: a) la selección de parentesco (kin selection, Hamilton (1964)) y b) el altruismo recíproco (Trivers, 1974). La propuesta de Hamilton, plasmada en la denominada “regla de Hamilton” (de forma simplificada: rb > c, donde r representa el grado de parentesco genético entre los organismos que interactúan, b designa el beneficio que el reproductivo adicional que obtiene el receptor del acto altruista y c es el costo reproductivo del individuo que realiza el acto), vincula la evolución del altruismo con el parentesco consanguíneo, de forma que ayudar a los parientes aumenta el éxito reproductivo del individuo, ya que aunque un comportamiento altruista tenga costos para el que lo ejecuta, sus genes estarán representados en sus parientes que se verán beneficiados. En consecuencia, los actos altruistas se realizan para favorecer a los parientes próximos en tanto portadores de los mismos genes que el ejecutor de la acción.Hamilton introdujo el concepto de aptitud inclusiva, que supone la selección de aquellas estrategias que dejen el mayor número de copias de un gen (o genes) que las codifica (Marechal, 2009). Por su parte, el mecanismo formulado por Trivers trata de explicar los comportamientos altruistas entre individuos no emparentados y se basa en el concepto de reciprocidad (deberíamos ayudar a quienes nos ayudan), de forma que el sujeto o actor que realiza un acto altruista espera ser recompensado más adelante bien por el receptor o por otros miembros del grupo. Esta recompensa (beneficio) aumentará su propia supervivencia y capacidad reproductiva a medio o largo plazo.
Aunque la selección de grupo también ha sido invocada para explicar la evolución del altruismo (Sober y Wilson, 1999), no cuenta aún con la suficiente evidencia empírica (Penner et al., 2005).Según esta teoría, cuando dos grupos compiten entre sí, aquel que tenga más individuos dispuestos a sacrificarse por su grupo de manera altruista tendrá ventajas sobre aquel en el que predominen los sujetos egoístas. Aunque el fitness relativo de los altruistas es menor que el de los egoístas, la aptitud biológica media de los grupos que contienen más miembros altruistas será mayor que la de los grupos que contienen un número menor. El requisito básico para la selección de grupo es la heterogeneidad espacial en la productividad de los grupos locales, que tiene un efecto indirecto sobre la productividad de los miembros del grupo. Esto requiere la existencia de subgrupos parcialmente diferenciados (structured-deme) (Winterhalder, 1997).
Un ejemplo de comportamiento altruista en la especie humana es compartir los alimentos (food sharing, food altruism), conducta que también se observa en los primates no humanos (de Waal, 2000), principalmente en los grandes simios (en particular los del género Pan, es decir, los chimpancés o Pan troglodytes y los “bonobos” o Pan paniscus) y en algunos monos platirrinos (p. ej.: los monos capuchinos), pero también en otros taxones animales como las termitas, hormigas y abejas (insectos “eusociales”), en los lobos y leones (carnívoros), en aves como los cuervos, en los murciélagos vampiros y en algunos cetáceos. En nuestra especie, compartir la comida se considera un importante elemento de cohesión social y una estrategia decisiva para la supervivencia no sólo en el pasado sino probablemente en la actualidad; los humanos tendemos a crear fórmulas cooperativas a partir de los alimentostal y como demuestran los numerosos estudios realizados en las actuales sociedades de cazadores-recolectores y de recolectores-horticultores, algunos de cuyos comportamientos podrían ser extrapolados a nuestros antepasados homininos.
Numerosas observaciones antropológicas sugieren que nuestros ancestros experimentaron periodos regulares de escasez y hambruna, en los que eran incapaces de alimentarse a sí mismos y a sus familias con lo que proporcionaba la caza (con bajas tasas de éxito) y la recolección individual (Aaroe y Petersen, 2013). Según esto, la selección natural pudo modelar lapsicología humanapara responderal hambremediante motivaciones y comportamientos que ayudasen a obtener recursos a través de medios distintos al forrajeo (WangyDvorak, 2010): tomar comida de otros (una especie de “robo tolerado” donde los que más tienen permiten que otros tomen parte del excedente, evitando de esta forma actitudes violentas de los individuos hambrientos (Kaplan et al., 2012)), o persuadir a otros para que compartieran sus alimentos de forma pacífica. Desde un punto de vista evolutivo, alimentos y cooperación están estrechamente conectados (Kaplan y Gurven, 2005) y se ha señalado que a lo largo de la evolución humana el reparto de la carne supuso la evolución de un sistema moral que sustenta hoy en día la justicia humana en general: meat made us moral (Mameli, 2013). Por ello, puede decirse que, junto con otras características, compartir el alimento, contribuyó a hacernos humanos y propició muchos comportamientos prosociales que persisten en la actualidad.
Los antropólogos, junto con los biólogos evolutivos, los ecólogos del comportamiento y los economistas, han tratado de explicar los mecanismos que han podido favorecer los comportamientos altruistas como el hecho de compartir alimentos que en nuestra especie no se limita, como en el resto de mamíferos, a la lactancia durante el periodo infantil, sino que los progenitores humanos alimentan a sus hijos hasta la edad adulta y existe un intercambio de alimentos transgeneracional. Es posible considerar que el altruismo y la reciprocidad en los seres humanos son algo diferentes a nivel cualitativo de los observados en otros seres vivos, ya que el medio ambiente, los sistemas sociales, y las capacidades cognitivas son muy diferentes (Fehr y Fischbacher, 2003). Así, se ha propuesto que el intercambio de alimentos pudo coevolucionar con otros rasgos de nuestra especie tales como un gran cerebro, un largo período de dependencia juvenil para aprender estrategias de forrajeo cualificadas, una larga vida útil y un amplio intercambio de alimentos entre individuos no emparentados (Kaplan et al., 2012).
Como han señalado Penner et al. (2005), mientras que los psicólogos sociales definen el altruismo en términos de motivación, los teóricos evolutivos lo definen en términos de consecuencias. Según las teorías psicoevolutivas (en Hastings et al., 2007), la empatía y la simpatía son emociones que facilitan la comunicación positiva entre los miembros de una especie y dan lugar a intercambios de cooperación que confieren una ventaja evolutiva a los socios de intercambio. En general se acepta que las respuestas empáticas preceden a muchos (pero no a todos) los actos prosociales. Este tipo de respuestas se encuentran en diversas especies animales, sobre todo en los grandes simios (Liebal et al., 2014), y están presentes en los lactantes humanos poco después del nacimiento (Preston y de Waal, 2002), lo que sugiere que son innatas. Por su parte, los modelos neodarwinistas parecen estar de acuerdo en que existen tendencias prosociales y altruismo en los seres humanos porque existen procesos fisiológicos y neurológicos con una base genética para actuar prosocialmente y porque los individuos altruistas tienen éxito evolutivo. Sin embargo, y con independencia de que exista una predisposición genética a actuar de manera altruista no se puede obviar el papel de la socialización en el desarrollo del intercambio de alimentos así como algunas características de nuestra historia evolutiva, como el fuerte componente cultural que subyace en la cooperación entre grupos humanos y que está reforzada por las normas y los valores morales (en Toro, 2012).
Referencias:
Aaroe, L. y Petersen, M.B. (2013). Hunger Games: Fluctuations in Blood Glucose Levels Influence Support for Social Welfare. Psychological Science 24: 2550-2556.
de Waal, F.B.M. (2000). Attitudinal reciprocity in food sharing among Brown Capuchin monkeys. Animal Behaviour 60: 253-261.
Fehr, E. y Fischbacher, U. (2003). The nature of human altruism. Nature 425: 785-791.
Hamilton, W.D. (1964). The genetical evolution of social behaviour. I, II. Journal of Theoretical Biology 7: 1-52.
Hastings, P.D., Utendale, W.T. and Sullivan, C. (2007). The Socialization of Prosocial Development. In: Grusec, J.E. & Hastings, P.D. (eds.), Handbook of Socialization: Theory and Research. Guilford Publications, Inc, New York, USA, pp. 638-664.
Kaplan, H. y Gurven, M. (2005). The natural history of human food sharing and cooperation: A review and a new multi-individual approach to the negotiation of norms. In: Gintis, H., Bowles, S., Boyd, R. & Fehr, E. (eds.), Moral sentiments and material interests: On the foundations of cooperation in economic life. MIT Press, Cambridge, MA, pp. 75-113.
Kaplan, H.S., Schniter, E., Smith, V.L. y Wilson, B.J. (2012). Risk and the evolution of human exchange. Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences 279: 2930-2935.
Liebal, K., Vaish, A., Haun, D. y Tomasello, M. (2014). Does sympathy motivate prosocial behaviour in great apes? PloS ONE 9: e84299.
Mameli, M. (2013). Meat made us moral: a hypothesis on the nature and evolution of moral judgment. Biology & Philosophy 28: 903-931.
Marechal, P. (2009). Selección de grupo y altruismo: el origen del debate. Scientiae Studia 7: 447-59.
Penner, L.A., Dovidio, J.F., Piliavin, J.A. y Schroeder, D.A. (2005). Prosocial Behavior: Multilevel Perspectives. Annual Review of Psychology 56: 14.1-14.28
Preston, S.D., de Waal F.B.M. (2002) Empathy: its ultimate and proximate bases. Behavioral and Brain Sciences 25: 1-72.
Sober, E. y Wilson, D.S. (1999). Unto Others: The Evolution and Psychology of Unselfish Behavior. Harvard University Press, Cambridge, MA.
Toro, M.A. (2012). Altruismo y evolución en los grupos humanos. Revista de la Sociedad Española de Biología Evolutiva 7: 33-42.
Trivers, R.L. (1971). The evolution of reciprocal altruism. Quarterly Review of Biology 46: 35-57.
Wintherlander, B. (1997). Gifts given, Gifts taken: The behavioral ecology of nonmarket, intragroup exchange. Journal of Archaeological Research 5: 121-168
Sobre la autora: Esther Rebato es catedrática de antropología física en el Departamento de Genética, Antropología Física y Fisiología Animal de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la UPV/EHU
El creciente uso de la información biométrica para relacionarnos con el entorno que nos rodea plantea problemas de diversos tipos: una cosa es la información que memorizamos y que podemos en un momento dado reemplazar, y otra muy diferente la información que se encuentra invariablemente vinculada a nosotros, y de la que no podemos desvincularnos de ninguna manera, como nuestro iris, nuestra huella digital o nuestro ADN.
A medida que el escáner de huella digital se convierte en tecnología de adopción estándar en nuestros smartphones, (la mitad de los terminales los incorporarán en el año 2019), surgen problemas derivados de la gestión de esa información: todo indica que Apple, por el momento, ha sabido gestionar ese tema de manera bastante más competente que Android, que se encuentra ahora mismo envuelta en una polémica al anunciarse una ponencia en el próximo Black Hat que explora como atacar dispositivos de Samsung, Huawei y HTC para hacerse con los datos de la huella digital de sus propietarios.
Al tiempo, está surgiendo toda una industria que recoge y comercializa este tipo de datos para su uso en investigación policial y judicial, de una manera mucho más sencilla y con menos barreras de entrada de las que podía haber anteriormente en un mundo en el que ese tipo de tecnologías resultaban caras, complejas o inexistentes. Todos los que pasamos por Inmigración en los Estados Unidos, por ejemplo, sabemos que los datos de nuestras huellas digitales y los rasgos biométricos de nuestra cara están incluidos en una serie de base de datos, pero desconocemos exactamente qué tipo de uso se hace de esos datos.
Una iniciativa conjunta de la Electronic Frontier Foundation (EFF) y MuckRock, una página colaborativa para periodistas y ciudadanos que permite acceder a documentos gubernamentales, trata de investigar precisamente ese tipo de cuestiones: aprovechando el derecho de todo ciudadano norteamericano de conocer qué datos suyos están en poder de su gobierno, pretende crear un mapa de este tipo de usos referido a cinco tecnologías específicas: recogida de huellas digitales, reconocimiento facial, escáneres oculares, análisis genético rápido y reconocimientos de tatuajes. La iniciativa permite que una persona solicite los datos que se encuentren en su poder a un organismo determinado, para tratar de aportar transparencia en el tipo de uso que se está haciendo de ellos.
La seguridad y el tracking ya van mucho más allá de nuestros hábitos en la red (aquí otra interesante iniciativa de la EFF en ese sentido, presentada hoy). Identificarnos con nuestra huella digital para utilizar nuestro smartphone puede ser cómodo, seguro y conveniente, del mismo modo que puede parecernos que una cámara en un lugar público puede servir para aportarnos un cierto nivel de seguridad. A partir del momento en que ese sistema de reconocimiento de nuestro smartphone falla y permite que nuestra información sea sustraída, o esa cámara sea utilizada para inventariar a personas que pasan por delante de ella aunque no estén desarrollando ninguna actividad que deba ser objeto de vigilancia, las cosas cambian. Un mundo en el que estas tecnologías se hacen cada vez más sencillas y manejables requiere medidas nuevas medidas que aporten una transparencia sobre su uso. Es importante ir concienciándose con respecto a ello.
Tener siempre una réplica a lo House o a lo Stewie, una forma sarcástica de interpretar el mundo, no siempre es bien recibido por nuestros interlocutores (aunque House tenga muchos fans, pero en la distancia). Sin embargo, el sarcarmo parece abrir la puerta de la creatividad. Y también mejora procesos cognitivos tanto del sarcástico como del que recibe el sarcasmo.
Es lo que al menos sugiere un estudio de la escuela de negocios de Harvard, cuya investigación ha sido publicada en la revista Organizational Behavior and Human Decision Processes.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores contaron con la participación de 300 personas cuya creatividad se puso a prueba mediante la realización de diversas tareas tras decir o escuchar comentarios de carácter sarcástico. Los resultados revelaron que aquellas personas que exteriorizaron comentarios sarcásticos (así como las que los recibieron) eranel triple de creativas que el grupo de control. Según Li Huang, coautor del estudio:
Hemos encontrado que el sarcasmo puede estimular la creatividad, la generación de ideas, soluciones ideas o problemas que son nuevos y útiles. Como Oscar Wilde creía, el sarcasmo puede representar una forma inferior de ingenio, pero nos pareció que sin duda canaliza una forma superior del pensamiento.