Alpes de Kamnik y de la Savinja en EsloveniaEn el
oeste de esta región se encuentra Kamnik , una ciudad medieval muy
bonita y bien conservada, a sólo un tiro de piedra de Ljubljana y la
puerta de entrada a los maravillosos Alpes Savinjske Kamnisko o Alpes de
Kamnik y de la Savinja en español. Esta zona es menos visitada por los extranjeros que otras montañas en Eslovenia, pero es muy popular entre los eslovenos. Esta
región tiene como atracción pueblos pintorescos como Kamnik, Mozirje y
Slovenj Gradec y pueblos alpinos con encanto como Šentanel. Excelente para practicar senderismo ,ciclismo y disfrutar de varios balnearios termales en un entorno natural precioso.
El
miedo a las arañas (no confundir con aracnofobia, más sobre eso unas
líneas más abajo) es un fenómeno relativamente extendido. Hay
excepciones, como en todos los casos, pero lo más habitual es sentir
miedo, o como mínimo rechazo, por este y otros tipo de arácnidos. ¿Por
qué ocurre?
Hay varios
factores implicados, pero antes que nada, el miedo o repulsión por las
arañas no debe ser confundido con la aracnofobia. La aracnofobia es una
de las fobias más extendidas y por eso se confunde habitualmente pero,
como todas las fobias, tiene un carácter irracional y es un trastorno
psicológico, una patología, que debe ser tratada apropiadamente. Las
personas con aracnofobia someten ciertos aspectos de su vida diaria como
el lugar al que van de vacaciones o la línea de autobús que toman según
su miedo a las arañas.
Dime dónde vives y te diré a qué le temes
La otra
parte, completamente normal, es la sensación de repulsión o rechazo a
las arañas. Aquí hay que definir, parcialmente, lo que es “normal”. Ese
miedo es normal en gran parte de la cultura occidental, sobre todo la
europea. En otras partes del mundo, como Indochina, el Caribe o ciertas
partes de África las arañas se contemplan como una exquisitez,
comestible, antes como algo a lo que se debe tener miedo.
Un estudio entre diversas etnias y culturas
descubrió que el miedo era frecuente en países tanto occidentales como
occidentalizados, pero disminuía radicalmente en la mayoría de países de
Asia y en otros con fuerte influencia asiática, como la India.
El miedo adquirido
“¡Temedme, humanos!”
La otra
parte más interesante, es la que hace que ciertos elementos nos
produzcan repulsión de manera natural. No ocurre sólo con animales,
también ocurre con ciertas formas situaciones (la oscuridad o los
ascensores, que tanto se exprimen en las películas de terror, por
ejemplo), comidas o secreciones (mocos, heces).
En este caso, la mayoría de estudios sostienen
que los animales que nos repelen han estado asociados, durante
generaciones, a enfermedades o infecciones. Algunos animales nos
disgustan porque están directamente asociados con la propagación de las
mismas, como las ratas, otros porque nos recuerdan a elementos que nos
asquean, como los las babosas lo hacen a distintas mucosidades (y que a
su vez nos dan asco por un mecanismo de autodefensa, curiosamente) o las
larvas, que indican posible putrefacción.
Varias
plagas en la Edad Media, y una sensibilidad alérgica a las picaduras de
araña, tan normales en su mayoría como las de un mosquito, podrían estar
detrás del fenómeno. Durante esa época, cualquier comida que hubiese
estado en contacto con una araña, aunque fuese un simple roce, se
consideraba como contaminada.
Cabe
pensar, en ese sentido, que el miedo a arañas y similares es una simple
cuestión histórica, étnica o cultural, que podría ser revertida del
mismo modo en el que se formó. Y que explica el primer punto: por qué en
algunos países (alejados de dichas plagas en su correspondiente momento
histórico) se perciben de una manera y no de otra.
Es algo
susceptible a la educación. Implicaría también que un hijo de europeos
pero adoptado y educado por asiáticos, por ejemplo, no sentiría ese tipo
de miedo.
Por su forma las temerás, el miedo en nuestros genes
La forma alargada de las patas de esta araña es suficiente para provocar miedo o rechazo.
Por otro
lado, y de manera relacionada, hay ciertos elementos en la forma, las
características y los movimientos de muchos insectos, no solo las
arañas, que nos producen temor de manera irracional. Eso también está grabado, de alguna manera, en nuestro código genético y tiene que ver con los estímulos de fight or flight, el tipo de estímulo que nos impulsa a huir ante determinadas situaciones de posible peligro.
La arañas
no son exclusivas en este aspecto. Polillas, cucarachas o escarabajos se
unen aquí. Nos dan miedo porque su forma la asociamos con otros
patrones y características que sí nos dan miedo. El movimiento irregular
y rápido de una cucaracha, por ejemplo, se ha relacionado también con
este fenómeno particular.
Lo irónico
es que sólo un 1% de todas las especies de arañas pueden producirnos
algún tipo de daño y además están alejadas de Europa, normalmente en
América Central. Y no, no nos comemos ninguna involuntariamente mientras dormimos.
Con dos tercios de la población
mundial viviendo en ciudades en 2050, se espera que el terreno urbano se
convierta en un recurso cada vez más limitado.
En muchos sentidos, la casa de tres
habitaciones de Bernadette Roberts es como cualquier otra. "Salón,
comedor, cocina, con todas las comodidades modernas. Es como una casa
normal".
Solo que no lo es: Roberts vive bajo tierra. Es residente
de Coober Pedy, un pequeño pueblo 846 kilómetros al norte de Adelaida,
en el sur de Australia.
El pueblo es conocido por dos cosas: sus
minas de ópalo y sus "búnkeres", casas subterráneas excavadas en la
roca, que albergan al 80% de la población del pueblo.
Coober Pedy es un lugar inhóspito, donde las temperaturas pueden alcanzar los 50 grados centígrados.
Hace
un siglo los mineros se dieron cuenta de que era mucho más fresco vivir
bajo tierra, y los residentes han vivido así desde entonces.
Roberts
dice que "un buen día", cuando las temperaturas fuera oscilan entre los
30 y los 40 grados, la temperatura en su casa está en 23 o 25 grados.
"Es como entrar en una habitación con aire acondicionado", dice.
Con
dos tercios de la población mundial viviendo en ciudades en 2050, se
espera que el terreno urbano se convierta en un recurso cada vez más
limitado.
Cuando no hay espacio...
Hace un siglo que los mineros se dieron cuenta de que era mucho más fresco vivir bajo tierra.
Singapur es uno de los países más abarrotados del planeta.
Sus habitantes, casi 5,5 millones, viven apretados en una ciudad estado de solo 710 kilómetros cuadrados.
"Para
Singapur, la principal razón para construir bajo tierra es solventar la
escasez de terreno", dice Zhou Yingxin, del Centro asociado de
investigación sobre espacio urbano subterráneo de Singapur, una
organización no gubernamental de expertos que diseñan y analizan los
espacios subterráneos de las ciudades.
Un proyecto que está sobre la mesa en la actualidad es el de la Ciudad de la Ciencia Subterránea.
Diseñada
para albergar 300.000 metros cuadrados de instalaciones dedicadas a la
investigación y el desarrollo, entre los 30 y los 80 metros debajo de la
superficie, la ciudad apoyará a las industrias biomédica y bioquímica,
entre otras.
Si se completa, se estima que allí trabajarán unas 4.200 personas.
"Rascasuelos"
El estudio de arquitectura BNKR ha diseñado una
enorme pirámide invertida de 300 metros de profundidad, denominada
“Rascasuelos”
En otros casos, el terreno es escaso debido a limitaciones de protección del patrimonio cultural.
En Ciudad de México, por ejemplo, hay estrictas limitaciones en el centro histórico.
Es
por ello que el estudio de arquitectura BNKR ha diseñado una enorme
pirámide invertida de 300 metros de profundidad, denominada
"Rascasuelos".
El fundador y director de BNKR, Esteban Suarez, espera que el Rascasuelos inspire a una nueva "especie" de edificios.
En
China, la demanda de vivienda asequible en Pekín está forzando a la
gente a mudarse bajo tierra en condiciones menos glamurosas.
Annette
Kim, directora del Laboratorio de Análisis Espacial de la Universidad
del Sur de California, pasó casi un año en la capital china, entre 2013 y
2014, estudiando las condiciones de quienes viven en las viviendas
subterráneas: una mezcla de refugios antiaéreos y sótanos reconvertidos
en pequeñas unidades dormitorio.
"El rango en las condiciones de
las viviendas es amplio", dice Kim. "Me imaginaba una miseria terrible, y
hay algunos sitios terribles, pero lo sorprendente es que también vi
lugares muy agradables, en relación a los estándares de Pekín".
Millones bajo tierra
Diseño para la ciudad subterránea de la Ciencia en Singapur. (Foto de JTC Corporation)
¿Cuánta gente vive bajo tierra en Pekín? Kim dice que las estimaciones oficiales varían entre los 150.000 y los dos millones.
"Diría que un millón. Es bastante increíble", dice Kim.
Kim
cree que dos factores han propiciado esta situación: el enorme boom de
la construcción en China, que ha creado una mayor oferta de espacio
subterráneo disponible, y la escasez de viviendas a precios asequibles.
La
temperatura es también un factor en Helsinki, Finlandia, donde las
autoridades han construido nueve millones de metros cúbicos de
instalaciones por debajo de la ciudad: tiendas, una pista para correr,
una pista de hielo y una piscina.
La diseñadora principal del
proyecto subterráneo de la ciudad, Eija Kivilaakso, dice que las
condiciones bajo tierra son con frecuencia más favorables que en la
superficie, sobre todo en invierno, cuando las temperaturas pueden bajar
hasta los -20 grados centígrados.
"Con el tiempo de Helsinki, es agradable trabajar o tomar café bajo tierra. No tenemos que salir bajo la lluvia o el frío".
Miedos oscuros
Pero, ¿estamos dispuestos a pasar largos períodos de tiempo en edificios subterráneos?
"La
mente humana está naturalmente predispuesta a temer los espacios
subterráneos, a los que asocia con ambientes oscuros, pequeños,
cavernosos y con el peligro de ser enterrado vivo", dice Suárez.
Para un pequeño porcentaje de personas, el solo pensamiento de estar bajo tierra en un espacio cerrado puede ser terrorífico.
Gunnar
D Jenssen, que investiga la psicología bajo tierra y el diseño de
espacios para la organización de investigación escandinava SINTEF, ha
descubierto que cerca del 3% de las personas son muy claustrofóbicas.
Pero hay formas de contrarrestar sus miedos.
"Si le das a estas
personas algo que les hace percibir que tienen control sobre la
situación, aceptan estar en ella. Esa es la clave. Transferir esto a la
arquitectura, al diseño, es la línea de trabajo que estamos siguiendo".
"Las
cosas básicas que debes tener es aire limpio, tienes que tener el
espacio, tiene que ser espacioso y percibirse como espacioso. Puedes
usar ilusiones, pero lo mejor es que sea realmente espacioso y tenga
buena iluminación".
Lawrence Palinkas, de la Universidad de
California del Sur, dice que la falta de luz del sol puede provocar
problemas para dormir y alterar las funciones hormonales y del
comportamiento, lo que puede causar distintas enfermedades crónicas.
Pero
"la coordinación y la exposición rutinaria a una luz radiante que puede
emular las propiedades de la luz del sol puede permitir a las personas
vivir bajo tierra durante largos periodos".
Así que, técnicamente, podemos vivir bajo tierra. ¿Pero lo haremos?
Annette Kim, habiendo visto de primera mano los efectos de la demanda de vivienda de Pekín, cree que quizás sí.
"Si seguimos viviendo esta rápida urbanización y la gente quiere ir a las grandes ciudades, vamos a tener que hacerlo, sí".
Kim
dice que también depende de cómo se utiliza el espacio. "Mucha gente va
allí a dormir por la noche. No es un dulce hogar para pasar tiempo en
él. La gente utiliza los espacios públicos en la superficie para recibir
luz del sol y aire".
El miedo es una emoción necesaria,
pero en su justa medida: tan malo es tener poco (lo que aboca a las
conductas temerarias) como demasiado: entonces nos enfrentamos a
trastornos de ansiedad. Los científicos sabían que el aprendizaje y la memoria de este sentimiento procedía de una región cerebral llamada amígdala central, pero ignoraban qué mecanismo neuronal la activaba. Ahora, neurocientíficos del Cold Spring Harbor Laboratory han afinado más y, después de realizar experimentos con ratones, señalan un grupo de neuronas llamado núcleo paraventricular del tálamo (PVT, por sus siglas en inglés). Al parecer, esta zona de la masa gris es extremadamente sensible a las situaciones de estrés. Como explican en la revista Nature, las células nerviosas del PVT se enraízan profundamente en la amígdala central; cuando los científicos desconectaban este vínculo, los animales de laboratorio dejaban de aprender a reaccionar con miedo ante los estímulos. Es, por tanto, una diana ideal para desarrollar fármacos contra los trastornos de ansiedad. La clave en esa conexión, como comprobaron los autores del estudio al analizar datos de personas aquejadas de estrés postraumático,
reside en una molécula llamada BDNF, mensajero químico asociado a
trastornos de ansiedad y que desempeña un papel importante en el
nacimiento y la conexión de neuronas.
Al aumentar los niveles de BDNF en la amígdala central de los ratones,
estos mostraban una conducta más temerosa y creaban recuerdos a largo
plazo sobre las situaciones que le habían generado angustia.
El enfoque resulta tan eficaz como el tratamiento
estándar actual con este tipo de células, en lo que a cantidad de tejido
óseo creado se refiere
El uso de células madre para la fabricación de nuevos huesos parece
prometedor, pero estas células, una vez implantadas en el organismo,
pueden provocar tumores. Investigadores estadounidenses han encontrado
ahora la manera de aprovechar las células madre eludiendo este riesgo:
sacándoles las proteínas que fomentan el crecimiento de los huesos e
implantándolas en ratones. El resultado fue la creación de tejido óseo
en la misma cantidad que si se hubiese hecho el implante con las células
madre completas, aseguran.
El desarrollo artificial de tejidos orgánicos es un sueño que
persigue la ciencia desde hace años. La finalidad es usar, algún día,
estos tejidos en la fabricación de órganos o huesos.
En lo que se refiere al desarrollo de tejidos óseos, hasta ahora se ha
avanzado por distintas vías. Por ejemplo, en los Países Bajos se ha
conseguido imitar en laboratorio el proceso natural de formación de los
huesos, así como observar dicho proceso con gran detalle. Además, hace
un par de años, investigadores granadinos patentaron un nuevo biomaterial que permite generar tejido óseo, esto es, huesos artificiales, a partir de células madre procedentes de cordón umbilical.
El tema del uso de células madre para tal fin parece, por tanto, una posibilidad alentadora. El problema es que, como se ha demostrado,
una vez que se implantan estas células en un organismo, estas
proliferan, pudiendo desarrollar no solo el tejido, el órgano o el hueso
deseados, sino también tumores.
Una solución alternativa
Ahora, un equipo de científicos de los Institutos Gladstone de San
Francisco (EEUU) han descubierto una manera de regenerar el tejido óseo
aprovechando las células madre, pero reduciendo el riesgo de estas.
En concreto, los investigadores comprobaron que se pueden usar las
proteínas producidas por dichas células –en lugar de las células madre
en sí- para crear hueso nuevo. Entre estas proteínas estarían las
llamadas proteínas morfogénicas óseas (BMPs), que son factores de crecimiento con la capacidad de inducir fuertemente la formación de hueso nuevo (al igual que cartílago y tejido conjuntivo).
La tecnología podría ayudar a tratar a víctimas de traumatismos en
extremidades, como soldados heridos en combate o personas heridas tras
un desastre natural. Según un comunicado institucional,
el enfoque resulta tan eficaz como el tratamiento estándar actual con
células madre, en lo a cantidad de hueso creado se refiere.
Cómo se hace El proceso desarrollado
por los científicos consiste en, en tratar células madre con productos
químicos para obtener de ellas aquellos factores esenciales que envían
la señal de regeneración de tejido nuevo. A continuación,
estas señales sustraídas -o proteínas- son colocadas en el tejido
muscular de ratones, para facilitar el crecimiento de hueso nuevo.
Según los investigadores, el método estándar actual implica moler
viejos huesos para extraer de ellos esas mismas proteínas y factores de
crecimiento necesarios para estimular el crecimiento de nuevo hueso. Sin
embargo, este enfoque presenta restricciones significativas, dado que
ha de tomar dichos huesos de cadáveres. Estos son muy variables en
términos de calidad de los tejidos y de la cantidad de señales de
crecimiento que de ellos se pueden obtener. Además, al igual que sucede
con la donación de órganos, el tejido de cadáver no siempre está
disponible. "Estas limitaciones hacen necesario contar con
un material de origen más consistente y reproducible, para la
regeneración de tejidos", explica Todd McDevitt, director de la
investigación. “Como recurso renovable a la vez escalable y consistente,
las células madre pluripotentes son una solución ideal", concluye.
Científicos detectan las variantes genéticas que permiten a pobladores de los Andes metabolizar rápidamente este elemento
El genoma de los pobladores de aldeas argentinas de los Andes ha
evolucionado para metabolizar más rápido y eficientemente el arsénico,
ha revelado un estudio. En concreto, estas personas cuentan con un
conjunto de variantes de un gen del cromosoma 10 que los protege de la
toxicidad de este veneno. Según los autores de la investigación, este
grupo humano constituye una prueba de evolución humana actual.
Muestra de arsénico. Imagen: Aram Dulyan. Fuente: Wikipedia.
La exposición permanente al arsénico,
un elemento extremadamente venenoso, aumenta el riesgo de desarrollar
diabetes, enfermedad vascular y cáncer de piel, pulmones, riñón y
vejiga.
Aunque no en todas las personas, porque algunas
han evolucionado para ser menos sensibles a este elemento o para
metabolizarlo de forma más eficiente. De este modo, la toxina abandona
el organismo de manera más rápida y menos tóxica, en lugar de acumularse
en los tejidos.
Es el caso de los habitantes de aldeas
argentinas de los Andes. Este grupo humano constituye una prueba
viviente de que la evolución de nuestra especie sigue su curso.
Ya en 2012, hablamos del caso. Fue cuando se hizo público un estudio de la Universidad de Lund y de la Universidad de Uppsala,
en Suecia, que reveló que los individuos de estos pueblos contaban con
una variante genética que no tienen sujetos de otros grupos indígenas de
Sudamérica y América Central. Esta variante ha surgido porque, durante
cientos de años, estas personas han estado expuestas a altos niveles de
arsénico, a través del agua que beben.
Nuevos hallazgos
Ahora, ha salido a la luz una nueva investigación sobre el tema. Publicada por la revista Molecular Biology and Evolution
y dirigida por Karin Broberg, de la Universidad de Uppsala, ha revelado
que el responsable de la capacidad incrementada de metabolización del
arsénico es un conjunto de variantes de nucleótidos (el ADN consiste en secuencias de nucleótidos asociadas químicamente) en un gen del cromosoma 10 llamado Arsénico 3 Metiltransferasa (AS3MT).
Estas variantes fueron definidas a partir del análisis del genoma de
124 mujeres andinas, escogidas por su capacidad para metabolizar el
arsénico (esta fue determinada midiendo los niveles del elemento en
orina).
Según explican los científicos en un comunicado recogido por Eurekalert!,
las variantes en el AS3MT aparecen con mucha menor frecuencia en
sujetos de poblaciones de Colombia y de Perú. Por otra parte, habrían
surgido recientemente, hace entre 7.000 y 10.000 años, dado que en la
zona se han encontrado momias de 7.000 años de antigüedad con niveles
elevados de arsénico en el cabello y en los órganos internos.
Actual evolución humana
Aunque, según escriben los científicos suecos en Molecular Biology and Evolution, las
evidencias de adaptaciones específicas en forma de cambios genómicos en
humanos siguen siendo limitadas, los resultados de este estudio señalan
que la evolución de nuestra especie continúa.
La idea fue respaldada en 2012 por una tercera investigación.
Realizada con los registros de 6.000 personas finlandesas nacidas entre
1760 y 1849, determinó que la selección natural y sexual sigue teniendo
lugar en nuestra especie, en la misma medida en personas ricas y
pobres.
Aunque hasta hace relativamente poco se
creía que la cantidad de nuestras neuronas era limitada, la realidad es
que ahora sabemos que algunas zonas cerebrales disfrutan de
neurogénesis, el proceso mediante el cual se crean nuevas neuronas (como
en el hipocampo). Sin embargo, existen algunos hábitos que muchos
llevamos a cabo (o sufrimos) a diario, lejos de los tópicos como el
alcohol (que ya sabéis que NO mata neuronas)
o la marihuana, sino cosas más simples y más comunes todavía que pueden
llegar a matar neuronas. Veamos 5 de estos hábitos capaces de matar a
tus neuronas.
1. La falta de sueño
Hace poco comentamos la cantidad necesaria de sueño según la edad, y no es para menos, pues ya sabemos que no dormir puede ocasionar un daño cerebral irreparable(aniquilando neuronas, incluso).
Llegar
a la deseada fase REM es importante, pues es cuando el cerebro “limpia”
el pensamiento y también activa las regiones responsables del
aprendizaje, con el fin de consolidar y almacenar los recuerdos. Si
perdemos el sueño, o no dormimos suficiente, es lógico pensar que
acabaremos destruyendo esta parte del aprendizaje y tendremos
dificultades de concentración.
Incluso un estudio del
pasado año demostró que un área cerebral en particular, el locus
coeruleus, perdía neuronas con la falta de sueño prolongada. Otro estudio, por su parte, demostró que la falta de sueño provoca la contracción de la corteza cerebral y el hipocampo.
2. Fumar
El tabaco es el responsable de muchas enfermedades, y cada vez se añaden más a la lista, por ello dejar de fumar es una decisión dura pero vital, nunca mejor dicho. Entre las consecuencias de consumir esta droga legal se encuentra el daño cerebral, pues sus toxinas han demostrado afectar a las neuronas, para mal.
Así lo demuestran los estudios. Por un lado, en 2002, un estudio del Instituto Nacional de Salud e Investigación Médica de Francia
demostró que las ratas adictas a la nicotina generaban un 50% menos de
neuronas en su hipocampo. Además, aquellas que consumieron una dosis más
alta de nicotina también experimentaron la muerte de una mayor cantidad
de neuronas. Además, otro estudio,
de la India, encontró que un compuesto de los cigarrillos llamado NNK
podría causar una respuesta exagerada en las células blancas de la
sangre a nivel cerebral, lo que las obligaría incluso a atacar células
sanas (neuronas, en este caso).
3. La deshidratación
Tendemos
a pensar que el alcohol es responsable de la muerte neuronal, cosa que
hemos desmentido al empezar este artículo, y esto se debe a uno de los
múltiples procesos que ocasiona esta droga en el cuerpo: La
deshidratación. Durante este proceso de deshidratación es posible sufrir un edema cerebral,
pues todo el cuerpo intenta sacar agua de las células (de todas las
células), y esto puede ocasionar su ruptura y muerte, donde también se
incluyen las neuronas.
Además, en una deshidratación grave, no es raro encontrar convulsiones causadas por el desequilibrio de electrolitos a nivel neuronal.
4. El estrés
Sabemos
que sufrir estrés puede tener muchas consecuencias, tanto a nivel agudo
como si se prolonga en el tiempo. Pero, ¿a quién se le ocurriría que el
estrés es capaz de matar neuronas?
Esto se debería esencialmente al cortisol,
la hormona liberada durante los momentos de estrés. Su liberación se
produce de forma natural para desviar energía donde más la necesitamos,
pero si se libera de forma prolongada y excesiva,
nuestro cerebro acaba produciendo más células productoras de mielina
(responsables de la protección y la alimentación de las neuronas) y
menos neuronas, como demostró un reciente estudio.
5. Consumir cocaína y otras drogas
Aunque
la marihuana aún no ha demostrado matar neuronas, otras drogas como la
cocaína o la metanfetamina sí parecen poder hacerlo, pues activan los
sistemas de recompensa cerebral y provocan la liberación de diferentes
neurotransmisores (serotonina, dopamina, adrenalina…)
Aunque la
liberación de dichos neurotransmisores causa un pico de euforia y
actividad que puede producirse también de forma natural, los excesos son
malos, y en este caso un exceso de neurotransmisores podría ser capaz de dañar a las neuronas responsables de esa liberación. Las consecuencias serían la tolerancia a las drogas, o la dependencia, ambos muy conocidos en los drogadictos. Vía | Medical Daily.
Un estudio sobre recién nacidos contradice las creencias arraigadas
Los bebés sienten dolor de la misma manera que los adultos, según un
nuevo estudio que contradice las creencias de algunos expertos de que
los bebés no sienten dolor.
Algunas personas han argumentado que el cerebro de los bebés no está
lo suficientemente desarrollado para que en realidad puedan "sentir"
dolor, dijo la autora líder del estudio, la doctora Rebeccah Slater, del
departamento de pediatría en la Universidad de Oxford en Inglaterra.
"Nuestro estudio ofrece la primera evidencia realmente fuerte de que ese
no es el caso", dijo Slater.
"Nuestro estudio sugiere que los bebés no solo experimentan dolor,
sino que pueden ser más sensibles que los adultos", dijo en un
comunicado de prensa de la universidad.
El estudio incluyó 10 bebés saludables de entre 1 y 6 días de edad, y
10 adultos saludables de entre 23 y 36 años de edad. Todos fueron
sometidos a resonancias magnéticas (RMN) del cerebro mientras eran
picados en la planta del pie.
El estudio incluyó 10 bebés saludables de entre 1 y
6 días de edad, y 10 adultos saludables de entre 23 y 36 años de edad.
Todos fueron sometidos a resonancias magnéticas (RMN) del cerebro
mientras eran picados en la planta del pie.
Los resultados mostraron que 18 de las 20 regiones del cerebro que
estaban activas en los adultos en respuesta al dolor también lo estaban
en los bebés.
Las imágenes también mostraron que los bebés tenían la misma
respuesta a un piquete débil que los adultos tenían con un piquete
cuatro veces más fuerte, lo que sugiere que los bebés tienen un umbral
de dolor mucho más bajo que los adultos, dijeron los investigadores.
El estudio se publicó en la edición del 21 de abril de la revista eLife.
"Hasta hace poco, la gente no pensaba que fuera posible estudiar el
dolor en los bebés usando RM porque, a diferencia de los adultos, no se
quedan quietos en el escáner", dijo Slater.
Pero los bebés menores de una semana son más dóciles que los bebés
más grandes, y "encontramos que sus padres fueron capaces de conseguir
que se durmieran dentro del escáner para que, por primera vez,
pudiéramos estudiar el dolor en el cerebro de los bebés usando una RM",
explicó.
Ella dijo que esto es particularmente importante cuando se trata del
dolor ya que los bebés no puedan verbalizar su experiencia del dolor y
es difícil evaluarlo con observaciones visuales.
Slater dijo que los bebés son sometidos a procedimientos dolorosos
todos los días, pero a menudo no existen lineamientos para el manejo del
dolor que ayuden a los expertos en el cuidado de la salud.
"Tenemos que pensar que si disminuiríamos el dolor para un niño más
grande que va a someterse a un procedimiento, entonces debemos de
disminuir el dolor en un bebé que será sometido a un procedimiento
similar", concluyó Slater.
Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare
FUENTES: Universidad de Oxford,
Auschwitz-Birkenau, Treblinka,
Dachau... nombres familiares que retumban por haber sido campos de
trabajo, concentración o exterminio del Tercer Reich alemán que quedaron
fijos en la conciencia humana por las atrocidades cometidas a manos de
la que se consideraba una nación civilizada.
Aunque no todos son tan famosos, hay uno en particular que es casi desconocido: Ravensbrück. A
pesar de que fue uno de los primeros en instalarse -en 1939, poco antes
de que empezara la guerra, a 80 kilómetros de Berlín, en un escenario
idílico en la costa báltica- y el último en ser liberado -en 1945-, este
campo de trabajo y, al final, de exterminio ha permanecido en los
márgenes de la historia. Ravensbrück era específicamente para mujeres. A finales de la Segunda Guerra Mundial, 130.000 habían pasado por las puertas. Entre
30.000 y 50.000 murieron, de hambre, de agotamiento, de frío, o por las
balas o el gas administrados por las guardas nazis.
La historia de las mujeres de Ravensbrück quedó tras las Cortina de Hierro.
Aunque algunas de las internas eran judías, la mayoría no lo eran.
Había prisioneras políticas, gitanas, enfermas mentales o "asociales",
es decir prostitutas o cualquier mujer considerada "inútil" por los
nazis. "Ravensbrück era una historia con la que me había topado y
me di cuenta de que era casi desconocida", le dice a la BBC Sarah Helm,
cuyo libro sobre Ravensbrück acaba de publicarse. El título que
escogió fue "Si esto es una mujer", haciendo eco a la célebre obra de
Primo Levi "Si esto es un hombre", que describe su arresto por ser
miembro de la resistencia antifacista italiana y su encarcelamiento en
el campo de exterminio Auschwitz. "Así como Auschwitz fue la
capital del crimen contra los judíos, Ravensbrück fue la capital del
crimen contra las mujeres", declara Helm. "Estamos hablando de crímenes específicos de género, como abortos forzados, esterilización, prostitución forzada". "Es una parte crucial de la historia de las atrocidades nazis", insiste. "En
la fase final del campo, mucho después de que se hubiera suspendido el
uso de cámaras de gas en el este, se construyó una en Ravensbrück.
Incluso trajeron partes de las cámaras desmanteladas de Auschwitz, así
como algunos de los exterminadores de allá. Hasta esa exterminación -en
la que murieron 6.000 mujeres y fue la última exterminación masiva de la
historia nazi- ha sido en gran medida pasada por alto".
Trabajo esclavo
Detalle de pancarta en ceremonia para recordar a las mujeres de Ravensbrück.
Selma van der Perre fue una de las internas y le contó a la BBC cómo eran los días en ese lugar. "Nos
levantaban a gritos a las cuatro de la mañana, luego teníamos que
responder al llamado de lista y paso seguido nos daban café. Nos dejaban
ir al baño y a eso de las 05:30 teníamos que ir trabajar a la fábrica
de Siemens, donde pagaban por las prisioneras: no lo recibíamos
nosotras, se lo daban a las SS", recuerda. "Trabajabamos 12 horas y
después volvíamos al campo de trabajo, y a eso de las ocho de la noche
nos daban un plato de sopa y nos dormíamos". Esto, salpicado de casos de crueldad de los cuales se ha hablado poco. Tragedias
que, al escucharlas de boca de sobrevivientes, llenaron de lágrimas los
ojos no sólo de Helm sino de sus traductores, como la descripción de
una francesa sobre cómo dejaban a los bebés morir de hambre
deliberadamente. O testimonios de que "hacían que las mujeres se
pararan casi desnudas en la nieve hasta que morían" y sobre cómo
"gérmenes de sífilis eran inyectados en la médula espinal".
Coraje en medio de la desesperación
"Ignorar Ravensbürg no sólo es olvidar
la historia del Ravensbrück fue el último campo en ser liberado y el
escenario del último exterminio con gas nazi.
Pero Helm también destaca las historias de valentía y solidaridad,
como la de los 77 "conejas", que encapsula lo mejor y lo peor de
Rovensbrück. Desde 1942, las prisioneras fueron usadas como
conejillos de indias. En "operaciones especiales" les cortaban los
músculos de la piel y les insertaban vidrio, madera y tierra en las
heridas. Algunas no recibían tratamiento y otras sí, con distintos tipos
de drogas. Los experimentos fueron repetidos pero cuando llegó el
momento de remover la evidencia y matar a las "conejas", todo el campo
conspiró para esconderlas. "Los experimentos no probaron nada para la ciencia -escribe Helm- pero sí para la Humanidad". Pero, ¿por qué se sabe tan poco sobre este campo de mujeres?
"Ignorar Ravensbürg no sólo es olvidar la historia del campo de concentración mismo sino también la de las mujeres", dice Helm.
"Una
de las razones principales es que después de los juicios por crímenes
de guerra, que vinieron inmediatamente después del fin de la II Guerra
Mundial, empezó la Guerra Fría, la Cortina de Hierro cayó y Ravensbrück
quedó al otro lado -en el oriental- de manera que en gran parte quedó
escondido de Occidente, inaccesible", señala Helm. "Los que
estaban en el este no olvidaron a Ravensbrück, pero lo presentaron como
un centro de resistencia comunista, de manera que el recuerdo de las
mujeres occidentales y las judías desapareció por completo de la
historia. También desapareció la historia de las alemanas que estuvieron
ahí al principio, que es una de las más olvidadas de todas". Mujeres
como la austríaca defensora de los derechos de la mujer, miembro de la
Resistencia y socialdemócrata Rosa Jochmann; o de Läthe Leichter, la más
destacada feminista socialista de la Viena Roja en la entreguerra; y la
de la alemana Elsa Krug, una prostituta de BDSM que se rehusó a golpear
a las otras prisioneras. "Ignorar Ravensbürg no sólo es ignorar
la historia del campo de concentración mismo sino también la de las
mujeres", concluye Helm.
Fotógrafa Robin Schwartz, madre
de la pequeña, retrató la relación especial de su menor hija con
distintas especies a lo largo de 12 años.
La conexión casi mágica entre una niña y diferentes tipos de animales es capturada en Amelia and The Animals, libro fotográfico en el que Robin Schwartz —madre de la pequeña— retrata la relación y el cariño de la niña hacia distintos tipos de especies. El proyecto —de una duración de 12 años— inició en 2002, con una foto de la pequeña Amelia —de ese entonces de 3 años de edad— posando abrazada junto a ‘Ricky’, un mono de dos años. Después de eso, otras imágenes muestran a la pequeña subida sobre la trompa de un elefante, dándole biberón a un tigre bebé y a una jirafa y hasta bañándose con un gato. Según contó la fotógrafa a The Telegraph, fue un trabajo anterior sobre chimpancés el que le permitió conocer a lugares con otro tipos de animales exóticos, con los que posó su hija todos esos años. Además, Schwartz señaló que Amelia tiene una afinidad natural con los animales, mostrando “respeto y delicadeza” en su trato y proyectando “una sensación de calma” sobre ellos.
Niña creció posando con distintas especies de animales. (Amelia and The Animals/ Robin Schwartz)